miércoles, 30 de septiembre de 2015

Encierro

No sabía desde cuando se encontraba encerrado pero hacía tanto que no recordaba nada anterior. Cuando tuvo conciencia notó que estaba desnudo, solo y en la oscuridad. Se tomó unos minutos para reconocer el lugar que era de escasas dimensiones pero lo suficientemente cómodo, así que no se preocupó por eso, la temperatura era agradable y lo agradecía sobre todo porque estaba desnudo, y la oscuridad le daba una privacidad que compensaba su desnudes.
No sabía porque lo tenían en ese encierro y por mucho que intentaba recordar no lo conseguía, dedujo que padecía algún tipo de amnesia. Afuera se escuchaban sonidos  y voces apagadas, posiblemente de otras personas en su misma condición, pero no podía saberlo ya que nadie lo escuchaba.
Los días fueron pasando pero, al estar a oscuras, no podía saber exactamente cuantos, tal vez habían sido meses o unas pocas semanas, y con el paso del tiempo se fue acostumbrando a su encierro, como el ser humano se acostumbra a casi todo. Trataba de encontrar el lado positivo a su situación pues, después de todo, estaba cómodo, no pasaba hambre ni frío y con eso se conformaba. Pero un día todo cambió y fue arrancado de esa comodidad, dejó ese mundo oscuro y la falta de costumbre al mundo exterior y su luminosidad lo deslumbró y cerró fuerte sus ojos. Después, mientas alguien lo sostenía, escuchó una voz fuerte y clara que decía: Felicidades señora, es un varón.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Te fuiste

Te fuiste el fin de semana lejos de la ciudad a despejarte de las presiones del trabajo y las exigencias de la vida cotidiana y no lo conseguiste.
Te fuiste de tu trabajo en busca de otro mejor, porque los reclamos de tu jefe te estaban haciendo la vida imposible, y en el nuevo trabajo encontraste lo mismo de lo que te estabas alejando.
Te fuiste de la cuidad porque la locura de la gente no te dejaba vivir con la tranquilidad que te hacía falta, y en un pequeño pueblo te diste cuenta que la gente está loca en todos lados.
Te fuiste de tu fe a otra, luego a otra y a muchas más, siempre buscando la paz que no encontrabas. Y te diste cuenta que ninguna te ayudó.
Te fuiste a la India a buscar tu centro, la paz que le hacía falta a tu ser para estar en equilibrio con el mundo y tampoco la encontraste.
Te fuiste de todas partes pero llevaste el problema contigo. Ahora sólo te queda ir al lugar que haz evitado ir todo este tipo: hacia ti mismo.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Elegiste mal

Podrías ser hermosa pero elegiste mal. Te dejaste convencer de que la belleza se encontraba en tu exterior. Te convencieron de una manera sutil, casi sin que te des cuenta. Si te pregunto, seguro me dirías que la belleza que importa está en el interior, porque es una frase que has escuchado hasta el cansancio y la repites pues es políticamente correcto, pero la verdad es que no lo crees. Esta misma frase la has visto por ejemplo sobreimpresa en imágenes de mujeres bellas, por fuera. Por eso, lo que te quedó fue la imagen y no las palabras, porque tampoco te explicaron como ser bella por dentro, pero si te mostraron como serlo por fuera.
Elegiste mal, porque te dejaron pocas alternativas para elegir. En todo lo que has consumido te mostraron que la belleza que importa es la que se puede apreciar con un golpe de vista. Te han acostumbrado a que la felicidad y el éxito van de la mano de esa belleza y no de la otra. Y una vez que te convencieron, te empezaron a vender las forma de conseguirla, y la compraste pensando que estabas comprando otra cosa. Te estafaron y dejaste que lo hagan.
Elegiste mal, porque te olvidaste de pensar por vos misma y permitiste que lo hagan por vos porque era más cómodo. Mientras repetías que la belleza que importa es la de adentro compraste la otra, la que se extingue en unos minutos, la que sí se vende. La belleza interior, esa que pregonas pero olvidas, no está a la venta, se cultiva con cada cosa que aprendes, con cada pensamiento propio que haces nacer, lleva un tiempo y un esfuerzo que nunca estuviste dispuesta a invertir. Fuiste cómplice de la estafa.
Elegiste mal pero eso ya no importa, hoy como cualquier día, puedes empezar a elegir bien. Eso depende de vos, y no se vende en ninguna parte.

martes, 8 de septiembre de 2015

Tire y empuje

Hay día que debo respirar muy hondo y contar hasta un millón por lo menos para no explotar ante la estupidez de la gente, de la gran mayoría para ser justos ya que hay pequeñas excepciones. Tal vez tengo mucha mala suerte al encontrármelos a diario o quizá ni siquiera haya forma de evitarlos a todos. Estoy seguro que esas personas, si se las coloca en un extremo de un largo pasillo interrumpido con puertas que digan con letras claras “tire” o “empuje” según corresponda, se morirían de hambre antes de cruzar la décima.
Estos seres están en todos los estratos de la sociedad, dispersos en los cargos menos relevantes o más encumbrados, son perezosos mentales que se complacen mirando desde sus vacías cuencas esa pantalla que les dice que hacer y, valga la paradoja, en que pensar cada día de sus vidas. Quizá ese es el futuro que nos espera y debamos acostumbrarnos a más puertas inteligentes donde ya no sea necesaria la odisea intelectual de distinguir entre tire y empuje.