lunes, 27 de abril de 2015

El verdadero deseo

A veces pienso que el único deseo real es el que nos deja impotentes y no aquel que desata un plan que habremos de llevar a cabo para satisfacerlo. Es el deseo por aquello que sabemos imposible aunque nos neguemos a aceptarlo en voz alta pues el sonido de nuestra voz es capaz de destruirlo para siempre, de transformarlo en una gris nostalgia por lo que nunca fue y nunca habrá de ser. Es tan frágil como eterno, tan eterno como deseo.

miércoles, 15 de abril de 2015

Una forma de la muerte

Hace muchos años, allá por mi adolescencia, me di cuenta que no recordaba lo que había hecho la semana anterior o un mes antes. Al principio no entendí porque pero rápidamente me di cuenta que era por estar haciendo básicamente lo mismo día tras día, semana tras semana, mes tras mes. Desde ese momento empecé a tenerle miedo a la rutina por su capacidad de destruir los recuerdos y reemplazarlos con la nada misma. Tranquilamente podría haber estado en coma durante un mes y no habría diferencia alguna. Entonces entendí que la rutina es una forma de la muerte y que su mejor aliada era la conformidad. Cuando estamos inconformes nos movemos, cambiamos, nos rebelamos a la situación que vivimos para cambiarla y acomodarnos, pero cuando todo parece estar bien, nos dejamos llevar por la rutina que nos aletarga y morimos día a día. Han pasado muchos años pero nunca perdí ese miedo y gran parte de mi vida desde ese entonces ha estado marcada por esa antigua epifanía. Al caminar entre la multitud me pregunto cuantos estarán muertos sin saberlo y a veces pienso cuantas veces he muerto sin darme cuenta.