viernes, 29 de enero de 2016

Ocaso

Empezar a beber cuando la tarde se extingue tiene una coherencia que siempre me fascinó. Me gusta sentarme junto a una ventana y contemplar el ocaso del día y mis sentidos. Mientras el alcohol nubla el significado de las cosas siento un placer especial al comprobar que las sombras hacen lo propio con el mundo que observo. Esa simbiosis entre lo interno y lo externo se fortalece cuando la oscuridad me abraza finalmente eliminando así el paisaje de mi vida, borrando la forma de los objetos, simplificando todo a un gran telón negro que me envuelve. En ese momento, cuando las distracciones han desaparecido, las cosas más simples pueden verse con mayor nitidez. En una sintonía casi perfecta el alcohol tiende su manto sobre mi perturbada mente y me permite observar más allá de los detalles cotidianos. Por eso cuando la noche reina en mis dos mundos puedo a veces tener alguna claridad y ver aquello para lo que suelo ser ciego.

miércoles, 20 de enero de 2016

Tirano

Quisiera que el conocimiento penetrase en las mentes con la misma facilidad que lo hacen las balas en la carne de los inocentes. Poder disparar con libros a las mentes oscuras para enviarlas a un mundo mejor. Ser un guerrillero del conocimiento. Atrincherarme en bibliotecas y teatros para salir por las noches, cuando todos duermen después de ver la tele, a acribillarlos en el propio lecho para que por la mañana tengan un nuevo despertar. Y cuando triunfe, tomar el poder a punta de poemas y cuentos épicos. Haciendo fusilamientos masivos en las plazas, donde nadie muera. Convertirme en un tirano despiadado que no deje un lugar sin libros que leer, sin niños que adoctrinar con los clásicos de la literatura universal e instruirlos en el pensamiento crítico. Luego, cuando todo el mundo haya olvidado la barbarie en que vivía, ser olvidado para toda la eternidad mientras mi cuerpo alimenta la tierra para dar nueva vida.

domingo, 10 de enero de 2016

Costumbres

Luchar contra las costumbres que hemos adquirido debe ser una de las cosas más difíciles que nos toca hacer en la vida. Hemos evolucionado y sobrevivido gracias a ellas. Hoy lo podemos ver en cualquier otro animal y, no te engañes, somos animales. Sí, somos mucho más inteligentes que el resto de animales que habita la tierra pero eso no nos pone en otra categoría. Los mecanismos internos son casi iguales, repetimos lo que nos ayudó a sobrevivir hasta ahora y no nos arriesgamos a lo desconocido. Le tememos a lo desconocido como un camello le teme al hielo o un gato a un pepino.
Nuestra inteligencia nos ha llevado a romper un poco esas barreras animales solo para imponernos otras, las de la cultura. Por eso casi nadie se arriesga a romper la barrera de la comodidad para ver que hay más allá. Romperlas realmente hasta el punto en que ya no haya retorno a la antigua comodidad y solo quede la opción de crear una nueva comodidad. Y siempre el punto de equilibrio es un lugar lleno de costumbres, de hábitos a los que nos amoldamos esperando que nada lo perturbe.
En cada salto al vacío, sea una decisión propia o de las circunstancias crecemos, es como tener una vida que nunca podríamos haber tenido sin ese salto, sin esa decisión. Y creo que ganamos cuando esa decisión sale desde nuestra fuerza de voluntad rompiendo todas las costumbres.