martes, 28 de octubre de 2014

Un poco redondo y de ricota

Ese sábado tocaban Los Redondos y yo no podía ir, pero estaba bien, me habían dicho que antes de fin de año tal vez tocaban en Santa Fe y ahí sí que no me lo perdía por nada del mundo, ya que yo vivía en Entre Ríos en esa época. Además, hacía dos meses había estado en Villa María y todos mis ahorros se fueron en ese viaje por lo que estaba en el proceso de volver a ahorrar para el próximo recital. Así estaban las cosas por esos días, con 16 años trabajaba de peón de albañil por la mañana para juntar algunos pesos e iba al colegio por la tarde.
La primer noticia que tuve de lo que pasaba fue el viernes a la tarde después del colegio. Hoy en día es difícil entender que hubo una época sin Internet ni celulares y que nos enterábamos de lo que pasaba solo por la tele o la radio, y lo que no estaba ahí era como si no existiese. Siendo totalmente estrictos, tanto Internet como los primeros celulares ya existían pero para las personas de a pie como yo era como si no.
-Hola ma -saludé mientras dejaba la mochila en un sillón, me descalzaba y me iba a la cocina a poner agua para el mate
-Hola hijo, te llamó Claudio hace un rato, me dijo algo de un recital pero no sé bien que así que te va a llamar en un rato.
-¿Del recital de Los Redondos? -toda mi atención pasó de la pava a mi vieja
-Si, eso. Llevá la mochila y las zapatillas a tu pieza que después tengo que andar juntando tus cosas por toda la casa.
-Bueno, ¿pero que te dijo? ¿Le pasó algo? -yo sabía que él se iba a la noche con unos amigos en la camioneta del padre de uno de ellos pero nada más.
-No sé, esperá que te llame -me dijo.
Si Claudio, mi primo, me llamó desde Olavarría era por algo importante sino no se iba a poner a gastar una llamada de larga distancia, así que esperé ansioso que vuelva a llamar. Para matar el tiempo me fui a mi pieza a dejar las cosas y me puse a matear leyendo una revista que me habían prestado con la historia y letras de los Guns y que no había tenido tiempo de terminar.

Recién después de las ocho me llamó mi primo y atendí yo, ya que había estado atento al teléfono.
-Hola.
-Hola ¿Mario?
-Si, Claudio ¿Como estás? -pregunté porque no sonaba tan alegre como siempre.
-Parece que van a cancelar el recital de Los Redondos, un bajón -me dijo. Me quedé helado y un poco incrédulo por eso le dije:
-No, no puede ser.
-Si, boludo, te digo que lo van a cancelar. Se pudre todo -me dijo, y si él lo decía tenía que ser verdad porque estaba al tanto de todo, así que pasé de la incredulidad a una mezcla de enojo y tristeza. No podían hacer eso. Y pregunté:
-¿Dónde lo escuchaste?
-En la radio de acá ya lo están diciendo desde temprano pero ayer ya me dijo un amigo que el intendente iba a hacer quilombo. Se va a pudrir todo. Mañana seguro va a salir en la tele pero posta que se cancela -terminó. Hablamos otro rato pero para que no gaste más quedamos en hablar al día siguiente, cuando seguramente íbamos a saber más del tema.

Después de hablar con Claudio anduve cabizbajo y sin ganas de nada, ni de seguir con la revista que quedó abierta sobre mi cama mientras yo daba vueltas por la casa sin saber que hacer. Mi vieja se dio cuenta que algo me pasaba y me preguntó:
-¿Qué te pasa hijo? Es por el recital -ya le había contado por encima sobre el tema.
-Sí -respondí sin muchas ganas de hablar, principalmente porque la mezcla de sentimientos no me dejaban pensar claramente
-Pero, hijo, ¿porque te ponés mal si igual no ibas a ir?
-Es que... no sé -y en realidad no sabía, lo que más me molestaba era la injusticia del hecho porque me sentía parte de todos esos chicos que iban ilusionados a ver el recital, entendía esa emoción y me sentía como si me estuviese pasando a mi. Mi vieja me pasó un brazo por el hombro y me dijo:
-Bueno, vení y comete unas tortas fritas pero dejale algunas a tu padre -en esa época mi viejo trabajaba con el correo y volvía a la madrugada o a la mañana muy temprano.
Con mi vieja habíamos discutido varias veces por la música que yo escuchaba porque no la entendía y le parecían todo un “locos y drogadictos”, pero esta vez no me dijo nada, creo que en un punto le di pena. Era de noche y hacía frío así que tampoco me daban ganas de salir a ningún lado y me quedé en casa viendo la tele.

Mi familia siempre se acostó tarde y ese día no fue la excepción y por eso estábamos despierto cuando sucedió lo que sucedió. Me había quedado mirando las noticias para ver si decían algo más sobre el recital y, sin que me lo imagine siquiera, aparecieron Los Redondos en la tele, al medio sentado el Indio, entre Semilla y Skay. Subí el volumen y mi vieja, que terminaba de lavar los platos y poner orden en la cocina, se acercó y se sentó conmigo a escuchar la conferencia de prensa. El Indio decía:
“Hemos venido a este pueblo a hacer un show, habiendo cumplido con todos los requisitos en tiempo y forma para que este recital sea la fiesta que acostumbra a ser. Pero por algún motivo de índole burocrática, desconociendo un poco la realidad, el señor intendente por decreto decidió la prohibición”
-¿Quién es ese? -me dijo mi vieja
-El Indio -dije- el cantante -aclaré y le hice un gesto de que escuche. El Indio siguió hablando de la prohibición:
“Estos chicos de 12, 13 y 14 años que están ahí ya no están en estado de inocencia. Porque acá ha pasado algo. No sólo se nos está prohibiendo tocar, se les está prohibiendo a aquellos que por algún motivo que les es propio quieren escuchar esto, conmoverse con esto.”
Más o menos este punto noté que mi vieja estaba muy atenta a cada palabra, en la tele se escuchaba:
“Estamos simplemente acá para avisarles a los chicos que hemos hecho todo lo posible para que nuestra fiesta estuviera. Hemos dicho más de una vez que esta banda pertenece a ellos. Nuestra postura de no brindar reportajes y permanecer alejados de los medios es porque lo hemos decidido así, porque tenemos la suficiente edad para que, en lugar de bajarles línea a los chicos, los escuchemos. Porque en sus nervios hay mucha más información del futuro que la que los tipos de nuestra edad pueden tener para aconsejarlos.”
En ese momento, aprovechado una pausa mi vieja me preguntó:
-¿Cuantos años tiene el pelado?
Creo que le respondí 45 pero en realidad el Indio tenía 48. Ella era diez años más joven y creo que nunca había pensado en eso porque me llamó la atención y me distrajo por un instante. Siguió atenta el resto de la conferencia de prensa, no se levantó ni para hacer mate. En un momento el Indio dijo algo que me conmovió, porque expresaba lo que yo había sentido toda la tarde y no podía poner en palabras desde mi juventud:
“Los chicos venían a abrazar a sus novias, a disfrutar de un concierto de rock y escuchar cosas que a ellos los conmueven y ése es un derecho que ha sido avasallado. No creo en la maldad de esos corazones. Ahora no tengo nada más que decir, yo no estoy para bajarle línea a los chicos, nosotros hacemos canciones y la banda es de ellos, yo estoy para escucharlos”
Seguimos atentos el resto de la conferencia y noté que mi mamá estaba con la boca entreabierta como cuando mira esas películas de juicio que tanto le gustan. Yo repartía mi atención entre ella y la pantalla, estaba asistiendo a dos hechos históricos sin saberlo.

Después de la conferencia me dijo unas palabras que nunca olvidaré:
-Ah, pero ese hombre es un señor.
Yo simplemente asentí en silencio, era su forma de disculparse por la tantas veces que los  criticó. Entendí que ningún argumento que yo había esgrimido en el pasado podía ser tan poderoso como las palabras del propio Indio esa noche. Cualquier argumento se derrumba ante la realidad y desde ese día nunca más habló despectivamente de ellos. Sé que ese día el corazón de mi mamá se volvió un poco redondo y de ricota.

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