Estamos allí, mirándonos en el espejo, ese que nos muestra quienes somos o, muchas más veces, quienes queremos ser. No es un espejo imparcial ni estático como nos contaron que deberían ser los espejos, nada de eso, es más bien caprichoso, tan parcial como nosotros, y nos define así como a nuestra mirada sobre el mundo.
En él nos vemos y vemos los rostros de nuestros pares, amigos, compañeros de ruta, en definitiva, de quienes comparten nuestra mirada. El reflejo nos acerca, nos une y nos convierte en otro espejo tan distinto y tan simbiótico a la vez con el primero.
Sin darnos cuenta estamos allí, siendo el espejo, uno que multiplica y distorsiona su propio reflejo, como el recuerdo distorsiona el pasado y las palabras las ideas. Ambos cambian como la luz que los conecta y en algún momento desaparecerán hacia la eternidad de los recuerdos o el abismo del olvido. Pero esa luz que les dio vida y los unió seguirá su viaje iluminando nuevos horizontes.
En él nos vemos y vemos los rostros de nuestros pares, amigos, compañeros de ruta, en definitiva, de quienes comparten nuestra mirada. El reflejo nos acerca, nos une y nos convierte en otro espejo tan distinto y tan simbiótico a la vez con el primero.
Sin darnos cuenta estamos allí, siendo el espejo, uno que multiplica y distorsiona su propio reflejo, como el recuerdo distorsiona el pasado y las palabras las ideas. Ambos cambian como la luz que los conecta y en algún momento desaparecerán hacia la eternidad de los recuerdos o el abismo del olvido. Pero esa luz que les dio vida y los unió seguirá su viaje iluminando nuevos horizontes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario