Una de las cosas más importantes que aprendí en mi vida es a tener paciencia. No se estudia, se adquiere al ponerla a prueba para que se fortalezca y crezca. Se adquiere haciendo cola en un banco para cobrar un cheque que resulta no tener fondos, haciendo dedo por horas mirando como nadie se detiene pero manteniendo la sonrisa, esperando a alguien que nunca va a llegar y no saber hasta cuando, o en un almacén parados detrás de la señora que sabe todos los chismes del barrio y quiere contarlos, y de muchas otras formas. Por eso, la paciencia vale oro, hay que cuidarla y no malgastarla en cualquier momento ni con cualquier persona.
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