lunes, 2 de febrero de 2015

Vestigios de una conciencia

Se está despertando. No está seguro cuando se acostó a dormir ni donde. Lo primero que siente es una piedra apretando sus costillas y quiere mover su cuerpo hacia atrás pero no puede. No tiene fuerzas y siente que le duele todo. No se acuerda haberse caído. La piedra sigue molestando, así que intenta girar y ponerse boca arriba. Lo consigue mientras un quejido involuntario sale de su boca. Lo siguiente que siente es un fuerte golpe en su hombro izquierdo y escucha una voz que le dice algo que no alcanza a comprender, pero sabe que es una orden y que le conviene obedecer. Siente miedo aunque no sabe porque.
Sigue confundido y ahora puede sentir los golpes en su cuerpo y un feo sabor en su boca. Escucha voces y algunos cantos apagados y la sombra de un recuerdo le dice que tiene algo que hacer, algo importante. Abre sus ojos con mucho esfuerzo y tras la niebla en su mirada solo ve zapatillas sucias, ciento de zapatillas sucias caminando. Abre la boca para hablar pero solo un quejido sale de su garganta seca y se da cuenta que tiene mucha sed. Siente otro golpe y la misma voz de antes. Después oscuridad y silencio.
Se despierta nuevamente y ahora ya no está acostado, dos fuertes brazos lo sujetan por debajo de los hombros. Sus manos están en su espalda y siente un gran dolor en sus muñecas. A su boca llegan pesadas gotas y reconoció el sabor, lo había sentido antes, cuando se despertó hace ¿cuánto? No podía recordarlo. Siente frío y no entiende porque, ya que ese día se estuvo bañando en la laguna ¿o era un río? No lo sabía. Alguien tira de sus manos unidas hacia atrás y un agudo dolor llega a sus hombros. Después nada.
Ya no se escuchan las voces, solo el viento y el rumor del agua calma. Ya no quedan vestigios de su conciencia. Otra vez el agua, como muchos años atrás, serviría para lavar las culpas.

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